Dear Friends

DF 61 - Extraña Clase de Mitzi, una respetuosa investigación

Queridos Amigos, Familias y Fans,

Septiembre 2017

Queridos Amigos,

Alguien me preguntó sobre qué parloteaba en esta gira, cada noche al final de Strange Kinda Woman (Extraña Clase de Mujer).

Es una historia verdadera, con variaciones parroquiales, dependiendo del clima y mis dientes, los que a veces mastican mi cerebro, cuando estoy algo hambriento o recuperándome del encogimiento del lavado de ropa.

Temprano esta mañana estaba nadando en el río/lago/estanque local o arroyo de conciencia, cuando allí, emergiendo de la niebla apareció… no podía creerlo; tuve que restregarme los ojos, perdí el movimiento y me sumergí. Buscando aire al volver a flote (le he escrito al concejo varias veces respecto a estas grutas), verifiqué, y sí… a dos pasos, sin escape!!

Entre todos, allí estaba ella, en una canoa Mohawk. Una canoa Mohawk tiene algo que se dobla hacia arriba mirando hacia atrás desde proa y algo similar, mirando hacia adelante desde atrás, lo que - los navegantes saben - es llamado popa. Una canoa mohawk se hunde con mucho mayor facilidad que, digamos, una india o un kayak… debido a las cubiertas de armas abiertas.

Pero allí estaba ella, en todo su esplendor.

Parada con sus piernas separadas, ahí estaba Mitzi Dupree.

Siempre astuta, usaba un largo remo para llegar al agua bajo la cano, la cual podría haber sido salina, fresca o burbujante, acorde al lugar, para conducir la canoa hacia adelante (obviamente, siendo martes hablamos del Lago Michigan, el próximo viernes es Cincinnati y el Río Ohio, o posiblemente el Pequeño Miami, lamentablemente también fresco, pero te haces una idea de la situación, no?). Mitzi (acostumbrábamos tratar en términos de primer nombre) me ignoró por completo, mientras me trepaba a la barca; estaba debajo de su línea visual, por razones que serán explicadas en el Capítulo 17.

Alrededor del cuello de Mitzi había un alce plateado sobre un cordón de cuero. Siendo estrictamente preciso, el alce estaba colgando del cordón, el cual era lo único que rodeaba su cuello. No estoy seguro sobre cómo se había colocado el propio alce rodeando su cuello a menos que ella hubiera colgado sus muslos por sobre un hombro, y ello no estaría alrededor de su cuello, no es cierto… más bien chal de vaca. No hubieras visto el resto de ello, colgando de su espalda, lo que hubiera afectado su postura, por más que ella fuese una mujer muy poderosa. De todos modos, para ser claro, el alce plateado (una rarísima especie, en la lista 'en peligro', podría haber sido el último… fin de una era!) colgaba de forma pedante, en estilo propiamente digno de Newton, de un cordón de cuero.

De cada uno de los aceitados e impresionantemente musculosos muslos estaban ajustados unos misiles balísticos con tendencia bélica. Y bajo su vestido, delicadamente cosido, había un detonador con un gatillo de pelo… OK, podría estar absorto o mirando fuertemente… algunos segundos, no más. Suficiente para darlo por terminado.

Y subió ella, lentamente al principio cual esos cohetes de Cabo Cañaveral, que parecen moverse con dificultad, pero podría decir que algo dramático estaba por suceder, porque dejó un hoyo del tamaño de un Labrador en lo reverse de lo que era, segundos antes de ese volcánico momento, un puente de popa. Nadie había visto jamás un puente de popa en una canoa, pero existen, créanme. Uno apareció por instantes antes que una Mohawk más/menos un explorador desapareciera del borde las Cataratas de Victoria. Y entonces, allí estaba… oh, no te preocupes, ve el capítulo 22.

En tanto sus pies daban las primeras muestras de despegue del etéreo Rufus-Fetchit, tomé su tobillo, tontamente. No es que haya sido tonto por tomar su tobillo sino que tome su tobillo de forma tonta. Y no en el sentido baboso de idiota, sino tonto porque no empleé mis dos manos. Una de ellas (mi manos) estaba ocupada intentando desenmarañar la cadena del ancla, en un igualmente tonto intento de salvarle/salvarles del ahogo. Pensé que el ahogo era precisamente para lo que las anclas estaban diseñadas, pero aparentemente esta terminaba con reservas, algo como la orgullosa e ingenua Mohawk.

Mientras tanto, el resto de Mitzi aceleraba rápidamente, mientras jugábamos a agarrarnos. Me refiero a su tobillo, yo y el ancla. Debido que quería impedirle tomar el oxígeno de fama, debo mencionar a Jeff, el ancla innombrable; pero recuerden que el peso adicionado, luego de las subidas y bajadas de subsecuentes eventos.

Debido a que me aferraba con una mano, estaba algo colgado del costado y esto provocaba un desbalanceo a nuestro cohete. Fuerza centrífuga, tal como es, decidía bambolearnos excéntricamente, y antes de que alcanzáramos la capa de ozono, y con un decente par de binoculares, uno podía fácilmente confundirnos con un derviche girador.

En este punto, mientras había aún vestigios de resistencia atmosférica, Mitzi fue privada de su dignidad, pero admirada y casi tomada de su paso orbital por Tantalus! ¡Otra vez perdida! Los botones, cinturones, brazaletes, corbatas, cierres, Velcro, prendas elásticas (sí, en plural, me ha sido comentado por observadores en el Banco Jodrell que eran dos; sorprendentemente, Mitzi tenía una modesta prenda bajo la que lucía), hilos, lazos, todo se liberó y cayó a la Tierra, dejándole desnuda.

Siendo un caballero de buenas formas - sin formas en ese momento - vi hacia abajo; me estaba empezando a preocuparme por la altura, al comenzar mi mano a soltarse. El tobillo al que estaba yo sujeto… no emotivamente como si fuese de forma amorosa, sino físicamente, de modo histérico pero no de un modo divertido... no estaba apenas aceitado como el resto de ella; el WD40 había ido hacia el sur cuando alcanzamos velocidad de escape. Y Mitzi tomó ventaja de ello menospreciándome - como a su viejo saco de cuero - y eso fue todo. Ella subió y yo fui para abajo (Capítulo 93).

Su peso se había aligerado, y Mitzi le dió con todo al elevador de potencia para tomar velocidad warp hacia su destino, el Puerto de Chelsea en alguna otra galaxia, para alguna compra y un juego de ping-pong.

En la reentrada me encontré con algo de turbulencia que me hizo gritar musicalmente en pánico, pero aterricé apropiadamente no lejos de donde estaba nadando esa mañana; justo a tiempo para Uncommon Man.

Ian Gillan

Copyright © Ian Gillan 2017



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