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45 El Autobús Mágico

Durante los meses de invierno de mi infancia era habitual concurrir al Griffin Park cada quince días para ver a las Abejas en acción. Las Abejas es el diminutivo de Brentford (Football Club) y el Griffin Park el nombre de su terreno de juego. No era que él - hombre de Glasgow Rangers - fuese un verdadero hincha pero era el equipo profesional más cercano por lo que mi padre nos llevaba a mí y a mi amigo Barry a ver los partidos de local.

Esperando en la parada de autobús en el profundo invierno. Esperando… esperando en el frío. Esperando el autobús… esperando. Pateando el suelo.

Mirando a mi padre por alguna intervención inspirada, '¿Cuándo va a venir el autobús?' El miró hacia abaja con cierta benevolencia y dijo '… si cuentas para atrás desde cinco el autobús va a venir.'.

Cualquier cosa, cualquier cosa que no nos hiciera pensar en el frío entumecedor…'cinco, cuatro, tres - ahí estaba, esa sonrisa de nuevo, dos, uno y…. Waaaaaaaahoooooooo!!!!'

Mágicamente el gran autobús rojo apareció en la esquina de la próxima rotonda. Ahí estaba, cuando me lo indicaron - era un milagro.

Luego de una burlona espera el procedimiento fue repetido dos semanas después, y nuevamente antes del siguiente partido como local quince días después de aquel.

'Papi, ¿cómo haces que suceda, cómo puedes hacer que el autobús aparezca así nomás?' Papá respondió sabiamente 'Es algo que entenderás cuando hayas crecido hijo'.

'Pero Papá, quiero ser sabio ahora, quiero agarrar la madurez por la garganta y sacarle todos los secretos de sus bolsillos…'

'Tendrás que esperar hijo.'

Y entonces esperé. Esperé y esperé, hasta que un día me encontré nuevamente en esa parada de autobús, pero en cambio durante un día de semana.

Mi padre había fallecido por entonces y recordaba con mucho cariño los maravillosos momentos que tuvimos yendo al futbol; sintiendo que era uno de los que había crecido en todos los sentidos menos en uno.

Y entonces… vino a mí. Finalmente comprendí lo que Papá había estado diciendo cuando se refería a que conocería el secreto del autobús cuando creciera.

No era una cuestión de sabiduría o la sagacidad que viene con la edad… era pura mecánica. Ahora que había crecido hasta - y excedido - la altura de mi padre, podía ver la parte de arriba del autobús de doble piso por encima de los tejados en tanto se aproximaba a la esquina, por lo que era ahora capaz de predecir con precisión su aparición a cualquier persona con una altura menor a 1.65 mts.


© Ian Gillan 2009

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